En el corazón pétreo yace la esencia rigurosa, un secreto ancestral, una roca tallada con maestría geométrica. Pero, ¿ quién dijo que el frío imperturbable debía reinar? Un manto de plástico fino, un velo transparente, danza delicadamente alrededor de la piedra, como un susurro cálido en la  gélida noche.

Las líneas afiladas, antes testigos de la indiferencia, ahora se desvanecen en la suavidad de la envoltura. La transparencia revela un juego de luces y sombras que transforma la aspereza en un ballet de formas etéreas. La textura rugosa cede ante la caricia sutil, y la piedra, una vez impasible, se entrega a la metamorfosis.

Heavens gate – Edición Limitada – Fotografía Ricardo Miras

Bajo la película diáfana, la forma adquiere una nueva dimensión, una poesía silenciosa que susurra la transformación de lo rígido en lo delicado. Así, la piedra envuelta en su abrazo plástico se convierte en un cuadro vivo, donde la rigidez cede ante la danza efímera de la plasticidad, y el frío se derrite en la sinfonía cálida de la transformación. En este abrazo, la piedra revela su alma oculta, una danza eterna entre lo sólido y lo etéreo, donde la geometría se convierte en poesía, y la rigidez se rinde ante la plasticidad del cambio.

 

 

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Autor: Ricardomiras.com